Querido amigo, Querida amiga,
Alrededor del próximo día 12 de agosto dos jóvenes iraníes, Behnoud y Mohammad, de 20 y 21 años, pueden ser ejecutados. Probablemente serán colgados de una grúa. Fueron condenados a pena de muerte por delitos cometidos cuando eran menores de edad.
Irán es el país que más menores ejecuta, en contra de sus compromisos internacionales y del derecho internacional. Sin embargo, ya se ha conseguido incluso el perdón de otros sentenciados, como recientemente en el caso de Saeed Jazee.
Poder salvar las vidas de Mohammad y Behnoud es cuestión de muy poco tiempo, pero si actuamos juntos podemos lograrlo. Por eso te pido dos cosas:
Firma para salvar a Behnoud y a Mohammad y Reenvía este mensaje a tus contactos. Puedes hacerlo aquí: http://web.es.amnesty.org/iran-ejecucion-inminente/
En nombre de Behnoud y Mohammad, recibe nuestro más sincero agradecimiento,
Esteban Beltrán
Director – Amnistía Internacional
Sección Española
SAL EMERGUI (Rahat)
29 de julio.-
(Obtenido en http://www.elmundo.es/elmundo/2008/07/29/orienteproximo/1217289407.html)
"Antes los hombres solo queríamos casarnos con una mujer que pasó la mutilación de clítoris. Era algo normal. Pero hoy yo no aceptaría una así", nos dice un beduino ya veterano en la localidad de Rahat, en el desierto del Néguev, al sur de Israel. Aunque en los últimos años este fenómeno se ha reducido considerablemente, centenares de jóvenes beduinas aún sufren la ablación de clítoris.
Las costumbres, la propia familia y la presión social son el peor enemigo de las niñas que sueñan ser mujeres en los poblados beduinos. Tanto las que ejecutan la mutilación femenina como las que lo sufren o las que se oponen prefieren mantenerse en el anonimato. No hay apellidos, solo iniciales, silencio y mucha vergüenza. Gritos de desesperación en el desierto.
Las autoridades israelíes se sienten impotentes para frenar este fenómeno. "La ablación de clítoris en las jóvenes beduinas solo llega a nuestro conocimiento una vez se ha realizado y en muchas ocasiones ni eso. En la mayoría de casos, las familias lo niegan", se defienden los portavoces de la red de clínicas en el sur del país.
Rahat es una localidad beduina de mayoría musulmana, cerca de Beer Sheva, la capital del sur de Israel. Entre sus más de 40.000 habitantes, la ablación de clítoris es un término conocido pero tabú. "Se hace, claro que se hace pero en silencio. Si empiezas a preguntar, al final te echarán de aquí a patadas", nos avisa un joven de Rahat que aclara: "Nuestra ciudad es más moderna y grande y se hace muchos menos que en los pequeños poblados".
Antes de llegar al estremecedor capítulo de cómo se elimina tejido de partes de los genitales femeninos, otro beduino nos explica el motivo: "Dañar seriamente el clítoris para reducir el gozo de la mujer cuando realiza relaciones sexuales así como reprimir su deseo sexual. Para evitar que sienta placer sexual y también para que llegue virgen al matrimonio".
Según diversos informes, hoy en día hay unas 135 millones de mujeres que han sufrido esta mutilación, común sobre todo en varios países de Africa. "Es una cosa de mujeres, ellas lo ejecutan y ellas lo sufren", explica un residente de Rahat que si quisieran lo podrían evitar. Ellos no cortan pero son más que cómplices.
Una cuchilla utilizada en una de estas prácticas.
Así es una ablación de clítoris en un poblado beduino: un mes antes, la madre de la niña le explica en qué consiste, su finalidad y la importancia de no resistirse. Entonces una mañana, cuando no hay presencia masculina en la casa y a plena luz del día, llegan varias mujeres a la casa de la niña. Una se dedica a taparle la boca para que no chille y el resto se esfuerza en cogerla de las manos y piernas para que no se resista. Para que no moleste durante el acto. Entonces, la mujer con más experiencia y 'habilidad', lava con jabón y agua el clítoris de la niña. Procede a la mutilación con un cuchillo especial y pequeño, nada que ver con las cuchillas viejas de afeitar del pasado. Las mujeres limpian el charco de la sangre derramada. En muchas ocasiones, la chica se desmaya. En otras, llora de impotencia. Siempre, grita de dolor. Un grito en medio del desierto.
Una mutilación mal hecha acaba con la chica en el hospital, el último lugar al que desea llegar la familia. La norma es que todo quede en ese cuarto de la casa. Si no hay más remedio y la niña se encuentra en estado grave, la llevan a un centro sanitario donde prefieren callarse. En más de una ocasión, la mujer desangrada o infectada fallece llevándose a la tumba el secreto familiar. Hace unos meses, una adolescente de 16 años fue salvada en el Hospital Soroka de Beer Sheva, tras sufrir una mutilación genital. En otro caso, la niña solo tenía 9 años.
El terrible daño físico se multiplica con las secuelas psicológicas y un profundo sentimiento de depresión. En muchos casos, la chica beduina mutilada sexualmente contempla cómo tras casarse su marido contrae matrimonio con otras mujeres ya que la poligamia, pese a que la ley israelí lo prohíbe terminantemente, sigue siendo un hecho en más del 20% de las familias beduinas del país.
Muchas, aunque no se atreven a dar la cara, luchan contra la ablación del clítoris, defendiendo a su hija pero también a las futuras generaciones. "Me da rabia que los que apoyan este crimen físico y psicológico hablen en nombre del Islam. La religión musulmana no da permiso para esta barbaridad. Mi hija tiene derecho a disfrutar de su cuerpo. Si Alá hubiese querido que no tuviera placer sexual, la habría concebido de otra forma", nos dice una madre beduina, académica y decidida a ser una barrera entre su niña y el cuchillo del pasado.
Tal vez, sería bueno reflexionar sobre lo que ha pasado, sobre lo que hemos conseguido, y sobre los medios que hemos empleado para llevarlo a cabo. Porque supongo que de todo podemos aprender, cada cual lo que le toque.
Un saludo.
Yo he formado parte de la Plataforma, y acepto las decisiones que democráticamente han tomado sus miembros, entre ellas la convocatoria de la manifestación por el cierre definitivo de la Planta que se celebrará hoy por la tarde. Pero dicho esto, en conciencia, si tengo que decir algunas cosas que ayer, por falta de valor o de palabras, no pude o no supe defender en la reunión de la Plataforma que decidió mantener la convocatoria de la manifestación. En mi modesta opinión, la Plataforma se ha equivocado de adversario: acabar hoy la Manifestación a la puerta del Ayuntamiento supone aligerar simbólicamente el peso de las responsabilidades a quienes, en mi opinión, han sido los auténticos responsables de lo que ha pasado aqui: los responsables de la Planta de Tratamiento que queríamos, precisamente, cerrar. Se ha ha acentuado hasta límites irresistibles la presión sobre Raúl Amores, culpabilizándole hasta la extenuación de todo cuanto ocurrió hace apenas un mes, sin percatarse –o sin querer hacerlo– de que los principales responsables de lo que, según algunos, bien pudiera ser una falta grave contra la salud pública, no fueron otros que los gestores empresariales de una Planta cuyo retraso a la hora de llevar a cabo las inversiones necesarios para adaptar sus instalaciones al proyecto que ella misma se comprometió a respetar, y por el que los técnicos de la Junta de Comunidades le concedieron la licencia.
He de decir, en este sentido, que hace unos días intenté públicamente advertir a los compañeros de la Plataforma de que la presión que se estaba ejerciendo sobre el Ayuntamiento estaba siendo utilizada por los verdaderos responsables de aquel dantesco infierno de animales muertos para minar la fuerza de Raúl Amores en el mismo momento en que éste estaba intentando conseguir, en delicadísimas negociaciones, la paralización total de los procesos productivos que trataban animales peligrosos. He de decir, también, que mi advertencia no sólo cayó en saco roto, sino que me valió descalificaciones demasiado dolorosas como para reproducirlas aquí, por parte de algunos de los líderes de la Plataforma –y excluyo de esto a Emilio Heras Hijo– para quienes, por razones que ellos deberán explicar algún día, la responsabilidad de los gestores de la planta en los desastros sanitarios que bien hubieran podido ocurrir no merecía ningún esfuerzo de movilización y de protesta por parte de la ciudadanía.
Y ayer, cuando se decidió mantener la convocatoria de la manifestación, me faltó valor para defender que la misma debía de acabar no en la puerta del Ayuntamiento, cuyo alcalde, aunque tarde, había reaccionado con vigor, sino en las puertas de la Planta que queríamos cerrar. Me faltó valor, o me sobró cansancio para defender esta propuesta ante los compañeros de la plataforma. Ya que no pude hacerlo hoy, si quiero hacerlo ahora: Apoyo la manifestación, y acudiré a la plaza de obras públicas atendiendo al llamamiento de la Plataforma, pero probablemente acabe dirigiéndome, yo no sé si a solas, a protestar pacíficamente ante quienes, por un puñado de dinero, no dudaron en poner en almoneda la salud de mis hijos; los mismos que, tal vez ahora,se estén partiendo de risa a nuestra costa en un lugar muy lejano de la Plaza de la Constitución.
Al menos ocho mujeres y un hombre han sido condenados a ser lapidados en Irán y podrían ser ejecutadas en cualquier momento. Las mujeres han sido condenadas por ejercer la prostitución, incesto y adulterio, y el hombre, un profesor de música, será ejecutado por mantener relaciones sexuales con una estudiante. (AGENCIA "EP. TEHERÁN")
Al menos ocho mujeres y un hombre han sido condenados a ser lapidados en Irán y podrían ser ejecutadas en cualquier momento, según informaron los abogados de varios de los presos. Las ocho mujeres, con edades comprendidas entre los 27 y los 43 años, han sido condenadas por cargos como ejercer la prostitución, incesto y adulterio. El hombre, un profesor de música de 50 años, será ejecutado por mantener relaciones sexuales con una estudiante.
La última lapidación oficial que tuvo lugar en la República Islámica se llevó a cabo contra un hombre hace un año, lo que provocó las críticas y denuncias de organizaciones de Derechos Humanos, la Unión Europea y autoridades de Naciones Unidas.
El presidente de la Judicatura de Irán, el ayatolá Mohmud Hashemi Shahroudi, publicó una moratoria sobre la lapidación en el año 2002. "Nuestra demanda específica es la sentencia de lapidación sea detenida por el ayatolá Shahroudi desde el momento en que los defendidos sean susceptibles de lapidar en cualquier momento", explicó el abogado Mariam Kian Arsi durante una rueda de prensa.
Los abogados de las nueve personas condenadas urgieron también al Parlamento iraní a que elimine la lapidación y otras condenas que incluyan el maltrato físico. "Intentamos que estos castigos sean eliminados y sustituidos por otros que sean compatibles con la dignidad de la Humanidad", señaló Mohamad Mostafaie.
Según el Código Penal de la República Islámica, los hombres y mujeres condenados por adulterio deben ser enterrados hasta el pecho y luego ser apedreados. Las piedras no deben ser lo suficientemente grandes como para matar a una persona en el acto.
Shadi Sadr, otro abogado, hizo un llamamiento a la comunidad internacional y a las grupos pro Derechos Humanos que respalden sus esfuerzos por acabar con este castigo. "Estamos en contacto con organizaciones y muchas de ellas apoyan nuestra campaña", explicó.
Una de ellas es Amnistía Internacional, que a principios de este año pidió a Irán que aboliera inmediatamente este "grotesco castigo" y aseguró que muchos de los que esperan la ejecución fueron condenados después de juicios fraudulentos.
Siempre que esto ocurre, Irán responde criticando a las potencias occidentales por los "abusos" cometidos en estos países, para lo que suele citar al centro de detención estadounidense de Guantánamo.
(Noticia recogida de http://www.elimparcial.es/contenido/19137.html)
Creo, sinceramente, que estamos sacando las dos patas del tiesto.
No es en modo alguno justo que se acuse a Emilio Heras de ser el responsable de la pérdida de los puestos de trabajo a que va a forzar el cierre cautelar de la Planta, como tampoco lo sería –como se ha hecho en mi presencia, aunque en privado– acusar a los trabajadores de la misma de complicidad con los desmanes cometidos por sus gestores y de falta de solidaridad con las legítimas aspiraciones de la ciudadanía a una ciudad sana, limpia y saludable. Tiene la cosa su ironía, pero ayer vi a Emilio Heras moviendo la silla de los responsables políticos de la región, al preguntarles por las medidas de protección sanitaria de que gozaban los trabajadores de la planta y al interesarse por los controles que las administraciones ejercían para garantizar la seguridad de los trabajadores que hoy, apenas horas después, le están poco menos que crucificando.
Tampoco es justo acusar a Emilio Heras y a Carolina Rey –que ha actuado en este caso como la única jefa visible de la oposición– de haber organizado la protesta ciudadana con el único objetivo de derribar a un alcalde elegido democráticamente por el pueblo; a la concejal de Izquierda Unida le hubiera bastado una llamada de Teléfono para conseguirlo; por lo demás, y gracias aL celo de ambos y de mucha más gente que ha dado su energía por un mundo -el nuestro- un poquito mejor, los taranconeros hemos podido comprobar hasta qué punto una empresa estaba infringiendo la ley y atentando con ello no solo contra nuestro derecho a respirar aire puro sino contra la salud misma de nuestros hijos. Los únicos responsables de lo que aquí ha pasado y de la pérdida de puestos de trabajo no han sido quienes hemos exigido el cumplimiento de la ley, sino los gestores de una empresa que las ha infringido todas.
En lo que toca al Ayuntamiento de la Ciudad, y a nuestro alcalde, Raúl Amores, se puede argüir que ha actuado tarde, pero no se le puede acusar de no haber actuado con contundencia –pero también con respeto a la ley– una vez que, gracias a Carolina Rey y el movimiento ciudadano de protesta tuvo conciencia de la gravedad de los hechos. Sus atribuciones legales no le dan posibilidades de cerrar a manu militari una planta como ésta, cuya calificación legal y ubicación definitiva ha sido, por lo que voy sabiendo, competencia exclusiva de la Junta. Ayer mismo, en la reunión a la que tuve el honor de asistir como miembro raso de la Plataforma, los responsables de sanidad de la Diputación, de la Junta y del mismo Estado, reconocieron que los controles sanitarios que debían realizar sobre la planta habían fallado y que, una vez constatada la incapacidad de la empresa para procesar materiales tan sensibles en todo tipo de circunstancias, era necesario decretar el cierre cautelar de las tareas de tratamiento de los productos realmente peligrosos hasta ahora llevada a cabo por la Planta. Resulta insensato pensar que detrás de todas estas decisiones no ha estado la actitud beligerante de un alcalde que, aunque tarde, no ha cesado de actuar. También ha advertido a la empresa encargada del transporte de animales para que cumplan la normativa estrictamente, prohibiéndoles transitar por las vías urbanas. Y estos expedientes, necesarios para la protección de la salud pública, se han tomado al tiempo que se han iniciado con la empresa las negociaciones para el traslado de la planta a un lugar más distante del casco urbano, pero dentro del término municipal de Tarancón, para que de su oferta de trabajo se siga aprovechando nuestra gente.
Es obvio que la Plataforma no ha conseguido el cien por cien de lo que pretendía, pero lo que está claro es que ha conseguido una buena parte de lo que pretendió. Ha enseñado a los dientes, demostrando cuál es el autentico poder de una voz organizada de protesta y obligando a los poderes públicos a utilizar los suyos con solvencia y determinación. Se ha demostrado el poder suplementario que adquieren los munícipes cuando caminan en la misma dirección, legítima y sensata, de los ciudadanos a los que gobierna. El hecho de no haber conseguido todo lo que se pretendía no debe hacer que no nos sintamos orgullosos de lo que, a día de hoy, entre todos sí hemos podido conseguir. Aquí se ha crucificado demasiado y gratuitamente a muchos de los protagonistas de esta historia, que han tenido el temple suficiente como para saber aguantar lo que, a menudo injustamente, se les venía encima. Nadie duda de que no debemos abandonar nuestra actitud vigilante, cada cual en su esfera de vida, pero tal vez haya llegado el momento de dejar de ser uno de esos pueblos goyescos que solo encuentran satisfacción en el conflicto permanente. ¿No creéis que ya va siendo hora de sentirse, cuando menos, un poquito dichosos de lo que se ha conseguido gracias a la acción coordinada de un puñado de gente de buena voluntad?
El próximo viernes 11 DE JULIO, a las diez de la noche, El Suelo Perdido contará con la presencia en la Televisión Local de la concejal de Izquierda Unida en Tarancón y cordinadora general de la misma formación en Castilla La Mancha, Carolina Rey. Un saludo.
Estimada María Jesús:
Sé de sobra que estás de lleno en delicadas tareas en el País Vasco que tienen que ver con la crisis de identidad que vive tu partido, pero también sé que a, pesar de ello, andas más que preocupada por la sorda tensión que se respira en la ciudad de la que formas parte, y a cuya defensa te debes desde el punto y hora en que sus ciudadanos te encomendaron reiteradamente en su Concejo una labor capital en todo sistema democrático, que no es otra que la función de legítima y leal oposición. Tú sabes mucho mejor que yo hasta qué punto es importantísimo para el funcionamiento equilibrado de toda democracia que se precie la existencia de una voz organizada de protesta que denuncie en las instituciones toda decisión de gobierno que se considere injusta, o se interprete inapropiada, o se sepa dañina para los intereses de la ciudadanía, sin prejuicio de que, en otras situaciones, se avenga al pacto en las medidas que promuevan el interés general al que, por encima de todo, os debéis quienes administráis en nuestro nombre la voluntad del pueblo.
No tendría sentido que te recordara esto si no fuera porque, al hilo de esta encrespada discusión ciudadana en torno a la instalación en Tarancón de una empresa dedicada al Tratamiento de Subproductos Cárnicos, nos hemos podido enterar de que tu grupo no presentó alegaciones, ni a favor ni en contra, a la ejecución de tal proyecto, que fue sometido a información pública por el Ayuntamiento de Tarancón en junio de 2006 y que, visto lo visto, salió adelante sin oposición ninguna. La planta fue, efectivamente, instalada con permiso del Ayuntamiento, y lo fue a poco más de 1000 metros del núcleo urbano, de acuerdo con una decisión que yo no sé hasta qué punto puede ser legal, pero que cuanto menos constituye un acto temerario, toda vez que la planta en cuestión está dedicada a hacer desaparecer todo tipo de animales muertos, entre ellos los que lo hayan sido por enfermedades infecciosas. Y todo a ello a un palmo de todas las narices de cualquier matiz político o sentimental. Ni qué decir tiene, dicho sea de paso, que los taranconeros agradecemos que la planta no fuera instalada en la Plaza de la Constitución o bajo el Arco de la Malena…
No hace mucho escribí una carta pública al alcalde de la ciudad, don Raúl Amores, en la que intenté comprender su decisión de permitir en estas condiciones el funcionamiento de una planta de tal naturaleza en el conjunto de las decisiones que todo gobernante ha de tomar para conciliar intereses contrapuestos con la intención de lograr un bien mayor para los ciudadanos a quienes gobierna; advertí de que, conociendo como conozco su trayectoria política y su persona, Amores no hubiera tomado una decisión como ésta si el proyecto no hubiera contado con los informes favorables de los técnicos de la Junta y si no hubiera confiado en que, dada la entidad de los socios de la empresa –la propia Junta de Comunidades, y la mayor empresa cárnica de España, cuyos productos me honro en consumir con la más absoluta de las confianzas– todos y cada uno de los delicadísimos procesos de producción de la misma, desde el principio hasta el final, jamás escaparían a su control. He de suponer, María Jesús, que, en la medida en que no presentasteis ninguna alegación contra tal proyecto, los concejales del Partido Popular de Tarancón estavisteis de acuerdo con la instalación de la Planta, y que, al igual que nuestro Alcalde, confiásteis en que, a pesar de su asombrosa cercanía al caso urbano, sus responsables sabrían cumplir su parte y hacer las cosas bien en su delicado cometido, que nadie duda de interés general.
A la vista está que esto no ha ocurrido; a la vista está que ni los avales de la Junta ni la entidad de los socios de la citada empresa han servido para mucho: toneladas de animales muertos al aire libre bajo el calor de junio, un perfume insoportable atravesando las puertas y las ventanas, el delicioso y entrañable aroma insoportable de miles de animales muertos anudándose a nuestros pies en las plazas y en los jardines, y la sensación general de que se han sobrepasado todos los límites de la lógica empresarial, de la lógica política y de la humana decencia. La empresa, después de no reconocer la veracidad de las denuncias, ha optado por reconocer su responsabilidad, ha pedido perdón y ha prometido acometer las reformas necesarias para garantizar el buen funcionamiento de la planta. No sé si el equipo de Gobierno reconocerá la suya por haber permitido el funcionamiento de una empresa como esta cuando, en contra del parecer de los técnicos competentes de la Junta, sus instalaciones no estaban debidamente concluidas, pero al menos se ha puesto manos a la obra para dar solución a lo que nunca jamás debió de haber comenzado.
Estimada María Jesús, en la medida en que vuestro silencio de otrora otorgó validez a un proyecto cuestionable que ha hecho literalmente imposible respirar a los taranconeros, resultaría justo que ahora apoyaseis al Ayuntamiento que tomó sobre si, sin oposición alguna de vuestra parte, tan controvertida y temeraria decisión, que difícilmente pueden entender los ciudadanos. Te digo exactamente lo mismo que le dije a Raúl Amores: se han sobrepasado tantas líneas rojas que ya no es posible mirar hacia otro lado; o te pones, con él, al frente de las legítimas aspiraciones de los ciudadanos para poner coto a tanto desafuero y para dejar claro a quienes la incumplen que la ley existe para que se cumpla, o acabarás teniéndolos frente a ti. El tiempo aclarará las responsabilidades de quienes, por acción o por omisión, fuisteis cuando menos tan ingenuos como confiados; la ingenuidad, incluso la política, se puede perdonar pero, tal y como vine a decirle a Raúl Amores, lo que los taranconeros nunca podremos perdonar es que, cuando las cosas se pasan de castaño oscuro, nuestros políticos no sean capaces de arrumbar sus diferencias para actuar enérgicamente y en favor de nuestro bien común. Los ciudadanos ya estamos en marcha en la defensa de lo que creemos justo: hemos pedido el cierre de esa empresa y su traslado a otro lugar. En vuestra mano está sumaros a nosotros o doblar las rodillas ante la urgencia dolosa de algunas instituciones y la irresponsabilidad y falta de profesionalidad de algunos empresarios a quienes todos aquí tenemos mucho que agradecer pero ante los que no podemos callar cuando peligra la salud de nuestros hijos, y también nuestra propia dignidad.
Un saludo.
Estimado Alcalde, y querido Raúl:
Ayer tarde me vi obligado a renunciar a seguir paseando con mi hijo por el parque de María Cristina. En los quince minutos escasos de la tarde en que pude soportar el olor a carne quemada de la incineradora, conté siete personas con mascarillas y otras dos pinzándose la nariz, agobiadas por las nausea. De vuelta a casa, tuve que cerrar todas las ventanas, confiando en que con ello los amigos extranjeros que tenía invitados a cenar podrían sentirse un poquito más cómodos. Se de sobra que no pude lograrlo. Y hoy, al levantarme a las seis de la mañana para ir a trabajar, he abierto con miedo la ventana porque ignoraba qué es lo que iba a respirar, qué es lo que mis hijos iban a respirar cuando se levantasen. Siento vergüenza de mi pueblo, Raúl, siento mucha vergüenza por mi pueblo.
Se de sobra que, como cualquier gobernante, has tenido que hilar fino con muchos intereses encontrados para dar forma al viejo sueño de un polígono industrial y para aflojar los poderosísimos corsets que durante tantos años nos habían impedido encarar nuestro futuro, convirtiéndonos en una bella durmiente ensimismada e incapaz de creer en sus propios posibilidades. No lo sé a ciencia cierta, pero probablemente la instalación de la incineradora a poco más de un kilómetro del caso urbano fue una de esas contrapartidas que, en cualquier negociación,todo gobernante ha de reseñar para obtener para los ciudadanos lo que, de otro modo, hubiera sido mucho más difícil conseguir, como la "milagrosa" desaparición de los problemas que atascaban nuestro desarollo. Ningún ciudadano con sentido de la realidad, ni yo tampoco, será capaz de reprocharte el paso que diste, aunque no lo compartamos. Además ¿qué razón había para desconfiar de los proyectos presentados por los gerentes de una empresa, en cuyo accionariado se encuentra, nada más y nada menos, que la propia Junta de Comunidades? Tu responsabilidad -que la tienes- es, en este punto, bastante limitada.
Pero ya ves. La nausea se ha extendido por esta ciudad como una enorme y densa bola de humo negro del que parece que no podemos escapar. Está claro que ninguno de los accionistas de esa oscura empresa ha estado a la altura de lo confianza en su profesionalidad que les otorgaste. Ni han cumplido con el esquema general de producción que ellos mismos diseñaron ni han tenido la prudencia de prepararse para los contingencias más o menos habituales que, como los que ocurrieron en aquellos días de la huelga de Transporte, pudieran poner en riesgo las ciudadanos. Pues bien: una cosa es agradecerles los puestos de trabajo con que soportan el peso fundamental de la economía ciudadana de la que no dejan de beneficiarse, y otra, muy distinta, que algunos se hayan tomado nuestro agradecimiento como una prebenda eterna y como una patente de corso para hacerse un traje sólo a su medida y para tratarnos peor que nosotros en su día a los indios de América.
Yo creo, Raúl, que a la mayoría de nuestros conciudadanos no les hará falta ir a Salamanca para entender que, a veces, los gobernantes deben hacer determinadas concesiones si con eso aseguran un bien mayor para sus gobernados y, en ese sentido, creo que todos, el que más por el que menos, sabremos pasar por alto lo que se hizo en otro tiempo, aunque –eso es inevitable– habrá quien quiera utilizarlo para tu desgaste personal. Pero lo que no creo que se te perdonase nunca, Raúl, es que, teniendo como tienes el apoyo de todos los taranconeros y –creo– de todas las fuerzas políticas personadas en el consistorio, así como la responsabilidad –casi sagrada– de representarlos, no dieras ahora un puñetazo encima de la mesa para dejar bien claro que el que manda en un pueblo no es otro que su Alcalde.
Aquí hay quienes han traspasado todas las líneas rojas de la sensatez y de la decencia que exige el convivir. Así pues, en nombre de mis hijos y de los tuyos, en nombre de los hombres y mujeres de una ciudad que sólo quiere respirar un poco de aire limpio, te insto a que tomes la iniciativa y pongas en marcha los trámites legales que sean precisos para cerrar definitivamente esa empresa, o para cerrarla de una manera cautelar hasta que sus accionistas estén preparados para cumplir su tarea sin peligro para la salud pública. Más allá de la ley, sobra toda transigencia.
No creo, en absoluto, en esas amenazas que se cuentan por ahí, y que hablan de empresas dispuestas a marcharse si se les presiona demasiado en el cumplimiento de la ley, entre otras cosas porque es mucho menos costoso arreglar las cosas que iniciar inciertas aventuras, y porque tampoco a ellas les interesa estar eternamente enfrentadas a los ciudadanos. Espero que estén a la misma altura que a ti te reclamo en nombre de los mios quienes, con su torpeza, te han puesto en la delicada situación de tener que elegir, porque, ante su incompetencia y sus imprevisiones, ya no cabe a nadie la posibilidad de mirar hacia otro lado: o te pones a la cabeza de las reivindicaciones sensatas de una ciudadanía cansada de esperar, o acabarás por tenerla en contra tuya. Y es que, Raúl, ya no podemos más.
El próximo viernes 4 DE JULIO, a las diez de la noche, El suelo perdido contará con la presencia en la Televisión Local del ex-concejal de Tarancón por Izquierda Unida Joaquín Gutiérrez. Un fuerte abrazo a todos.
Carlos